Escalando en un hábitat sensible

Los roquedos donde los escaladores disfrutamos de la roca y de sus líneas mágicas proporcionan un hábitat muy especial dónde se desarrollan y viven una gran cantidad de organismos. Aparentemente, puede parecer que los roquedos sean unos lugares  vacíos de vida, pero realmente sucede todo lo contrario. Las particulares características de estos ecosistemas como las elevadas temperaturas, la escasa disponibilidad de agua, la poca cantidad de sustrato y la insolación, crean una combinación de condiciones que dan lugar a un mosaico de microambientes. Estas diferencias dentro de una misma pared de roca permiten la existencia de una gran riqueza de especies y el desarrollo de una vegetación con un alto grado de endemicidad.

Escalando en el sector Muro de las lamentaciones, Chulilla (Valencia).

Cuando llego a una zona de escalada, antes de equiparme para escalar, lo primero que hago es observar las diferentes vías que hay en la pared,  y busco cual será la primera vía del día. Al mismo tiempo observo la flora de la pared, a veces ansioso por encontrar alguna especie rara o protegida. Normalmente me suelo encontrar dos grupos de especies. Por un lado, identifico a las especies generalistas, que son aquellas especies que viven en otros hábitats, por ejemplo en el bosque, matorral, pastos, etc. pero que ocasionalmente pueden vivir en el roquedo. Y por otro lado, me encuentro a las especies que están exclusivamente adaptadas a vivir en los roquedos y se desarrollan entre grietas y agujeros, los llamados casmófitos. Entre estos últimos podemos encontrar diferentes reliquias dependiendo de la zona de la península dónde nos encontremos escalando, pero siempre tendremos la seguridad de que habrá alguna especie protegida o rara. A menudo los casmófitos tienen alguna figura de protección, ya que se trata de especies exclusivas.

Este medio tan extremo y hostil, está considerado uno de los pocos ecosistemas que no ha sido afectado por la mano del ser humano en los últimos siglos. Sin embargo, deportes como el montañismo y la escalada han incrementado popularmente en las últimas décadas provocando un cambio en el estado de conservación de estos ambientes. La preocupación por proteger estos paraísos ecológicos, ha motivado a investigadores y escaladores a estudiar los efectos que tiene nuestra actividad sobre un grupo de organismos a veces olvidado: la comunidad vegetal de los roquedos. Estos estudios se han llevado a cabo sobre todo en regiones de escalada como Niagara Escarpment, Ontario (Canadá); Joshua Tree National Park, California (EEUU); The Bulder Range, Colorado (EEUU); New River Gorge National River, Virginia (EEUU) y en algunas regiones europeas como Göttingen (Alemania) y Swiss Jura Mountains (Suiza). A nivel nacional son escasos estos estudios, pese a nuestra gran cantidad de escuelas de escalada y de flora rupícola.

¿Pero realmente los escaladores tenemos un impacto sobre la flora?

Esta misma pregunta me surgió a mí. Gracias a la unión de dos de mis aficiones, la escalada y la botánica, me animé a desarrollar mi PFC sobre esta temática en una de las escuelas que yo frecuentaba, Chulilla (Valencia). Sabemos que los impactos que se dan sobre la vegetación pueden ocurrir en diferentes fases. Una es la fase de equipación de la vía, dónde ésta se “limpia” o se eliminan las plantas. Y por otro lado, una vez equipada la vía mediante el pisoteo o su eliminación por “molestias”.

Los objetivos de mi estudio fueron caracterizar la flora rupícola de las vías de escalada de Chulilla y analizar si existía un efecto de la escalada sobre las plantas vasculares una vez establecidas las vías.

Sabina negral (Juniperus phoenicea) centenaria.
Té de roca (Teucrium thymifolium).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En mi zona de estudio encontré un total  de 34 especies, de las cuales el 20% son endemismos iberolevantinos. Además obtuvimos otro resultado, observamos que la escalada tenía un efecto sobre un determinado grupo de flora, las especies generalistas. Es decir, encontramos un menor número de estas especies dónde había un mayor uso de la escalada. ¿Pero porque este resultado? Los escaladores cuando pisamos una planta no diferenciamos entre si es una especie generalista o un casmófito. Nuestras conclusiones fueron que las plantas generalistas están menos adaptadas a estos ecosistemas y por lo tanto son más susceptibles a los impactos externos, como el paso del escalador. Los casmófitos, en cambio, han desarrollado a lo largo de su historia de evolución estando ligadas al roquedo, rasgos adaptativos que les permiten vivir en este medio tan peculiar. Características como unas raíces fuertes que les permiten un mejor anclaje, formas reducidas almohadilladas que les refugian frente a vientos fuertes y unos sistemas radiculares especializados que maximizan la captación de nutrientes y agua, por ejemplo son algunos de estos rasgos adaptativos. Por tanto, estas fueron las conclusiones que extraje de mi estudio en Chulilla (Valencia), dónde la escalada es totalmente compatible con la protección de la fauna y flora.

¿Entonces debemos preocuparnos? ¿Cómo podemos los escaladores proteger esta flora y seguir realizando nuestra actividad?

Desde mi punto de vista la práctica de la escalada deportiva de una forma sostenible puede coexistir con la conservación de la flora de nuestros roquedos. Es verdad que algunos escaladores pueden eliminar plantas de la pared para practicar nuestra actividad de una forma más cómoda, aunque también es cierto que solemos buscar los roquedos exentos de plantas para equipar nuevas vías. Creo que un punto positivo para evitar problemas entre la escalada y la conservación de estas especies estaría en realizar un inventario de especies tanto de flora como de fauna previamente a equipar una nueva zona de escalada. De esta forma, el nuevo sector se crearía teniendo en cuenta la existencia de estas especies más vulnerables y minimizaríamos el impacto que podríamos tener sobre ellas.

 

Paisaje de Los Calderones, uno de los lugares más importantes de escalada en Chulilla.

Los roquedos contribuyen al mantenimiento de la biodiversidad regional y constituyen un refugio para la conservación de estas especies. Además son puntos calientes de especies raras, amenazadas y endémicas por lo que la promoción de estos estudios tanto por las universidades, federaciones de montaña y asociaciones de escaladores puede ser clave para conservar esta flora tan especial. Somos el único colectivo que frecuenta este ecosistema y que podemos alterarlo, así que de nosotros depende conservar su fauna y flora. Demostremos que la práctica de la escalada es totalmente compatible con la conservación de la naturaleza.

Puedes descargarte el trabajo completo aquí: Caracterización de la flora de las vías de escalada de Chulilla (Provincia de Valencia)

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Seguir Miguel Moreno Moya:

Licenciado en Ciencias Ambientales y estudiante del Máster de Biodiversidad y Biología de la Conservación en la Universidad Pablo Olavide, Sevilla.

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